

EMA HERNANDEZ HIPOLITO
FUNDADORA DE EMIREL
Ema Hernández Hipólito es la mujer detrás de Emirel Chocolatería, una emprendedora tabasqueña cuyo amor por el chocolate nació en el corazón de su familia.
Inspirada por los conocimientos heredados de su abuela y su madre, encontró en el chocolate una manera de rescatar tradiciones, preservar saberes y compartir las raíces de Tabasco.
Hoy, a través de Emirel, continúa llevando esta historia más allá de sus fronteras.
Mi historia
Un regalo inesperado nacido en el corazón de Dios
Soy Ema Hernández Hipólito, fundadora de Emirel Chocolatería. Nací en la Ra. Jolochero 1ra Secc de la zona indígena Yokotan de Tamulté de las Sabanas, Centro, Tabasco, un lugar donde las raíces, las tradiciones y los saberes de nuestra gente forman parte de la vida cotidiana.
Desde joven tuve que salir del lugar donde nací, me mudé junto a mi hermana, estudié, trabajé y emprendí un camino que, sin saberlo, me llevaría años después a reencontrarme con una parte muy importante de mis raíces.
Mi vínculo con el chocolate comenzó mucho antes de imaginar que algún día tendría una marca, nació en mi familia, de la mano de mi abuela, quien transmitió a mi madre los conocimientos sobre su elaboración y aquellas recetas tradicionales que formaban parte de nuestra vida, eran saberes que se aprendían en casa, de generación en generación, a través de las manos, la práctica y la palabra.
Con el paso del tiempo, muchas de aquellas recetas y formas de elaboración fueron quedando en la memoria, hasta que un día, una pregunta sencilla cambió el rumbo de mi vida.
Durante una visita familiar a un terreno cacaotero, observé cómo se levantaba la cosecha. aquella escena me hizo regresar a mi niñez lo que me hizo conversar con mi esposo sobre cómo mi abuelo solía cosechar el cacao y cómo mi abuela y mi mamá transformaban aquel fruto en chocolate.
Fue entonces cuando mi esposo me preguntó:
—¿Y sabes hacer chocolate?
Aquella pregunta, que parecía tan simple, abrió una puerta que yo no estaba buscando, me llevó a regresar al pasado, a recuperar los conocimientos de mi abuela y a aventurarme a poner nuevamente en práctica aquella receta familiar.
Tiempo después, invité a mis hermanas para que juntas elaboráramos chocolate artesanal, tal como lo hacía nuestra madre y así nació nuestro primer chocolate, de una manera completamente rústica y con los recursos que teníamos a nuestro alcance, incluso el primer molde surgió de la tapa de un café.
Aquel momento, que hoy forma parte de nuestra historia, estuvo acompañado de risas y recuerdos, mientras preparábamos el chocolate, disfrutamos estar juntas y recordábamos a nuestra madre, nos causaba gracia pensar que ella no utilizaba ninguna de las herramientas que nosotras teníamos en ese momento; la diferencia era evidente, especialmente cuando mirábamos aquella improvisada tapa de café que habíamos convertido en nuestro primer molde.
El resultado también sorprendió a nuestros familiares, al probarlo, muchos reconocieron en aquel sabor algo más que un chocolate: encontraron recuerdos de su propia infancia, de sus familias y de momentos que permanecían guardados en la memoria.
En ese momento, nuestra intención no era comercializarlo, todo había comenzado simplemente por la curiosidad de mi esposo y por el deseo de volver a preparar aquel chocolate que había formado parte de nuestra familia.
Sin embargo, la historia tomó un rumbo inesperado.
Compartí una fotografía de nuestro chocolate con una amiga y, sin imaginar lo que sucedería después, ella publicó en sus redes sociales unas palabras de admiración hacia nuestro trabajo familiar. Aquella publicación llegó hasta un pastor de su iglesia, quien se interesó en lo que estábamos haciendo y nos hizo nuestro primer gran encargo: 150 tablillas de chocolate para un evento cristiano que estaba por celebrarse.
La situación resultó incluso graciosa en su momento, porque nosotras nunca habíamos pensado que aquel chocolate pudiera convertirse en un producto para vender, lo que había comenzado como una conversación y una experiencia entre hermanas, de pronto se convertía en nuestro primer pedido.
A partir de entonces comenzaron a llegar nuevas solicitudes, algunas provenientes incluso de nuestra propia familia, que poco a poco se fue involucrando en este camino. Aquello que había comenzado con un recuerdo de infancia, una receta familiar y el deseo de volver a preparar chocolate como lo hacían nuestras generaciones anteriores, comenzó a transformarse en algo mucho más grande.
Así se fueron sentando, paso a paso, las bases de lo que hoy es Emirel Chocolatería Artesanal: un proyecto nacido de la familia, de nuestras raíces y de una tradición que encontró nuevamente un lugar para continuar.
Siempre he sentido que Emirel llegó a mi vida como un regalo de Dios: inesperado, de una manera poco convencional y justo en el momento en que tenía que llegar. Y, de alguna manera, aquel primer pedido hizo algo más que abrirnos una puerta; también propició que nuestra familia se uniera y que varios de sus integrantes comenzaran a involucrarse en este proyecto.
A partir de entonces comprendí que aquella receta familiar podía ser mucho más que un recuerdo, podía convertirse en una forma de preservar nuestra historia y nuestro legado.
Por eso, uno de los principales propósitos de Emirel es rescatar recetas tradicionales y preservar el proceso artesanal de elaboración del chocolate, conservando los conocimientos que recibimos de quienes estuvieron antes que nosotros y dándoles una nueva oportunidad de permanecer.
El camino comenzó a abrirse poco a poco, el trabajo, la dedicación y el respeto por nuestras raíces me llevaron a participar en diferentes espacios y a descubrir que una receta nacida en el corazón de una familia tabasqueña podía llegar mucho más lejos de lo que alguna vez imaginé.
Una de mis recetas obtuvo el primer lugar en un evento en el que participamos, y aquel reconocimiento representó mucho más que un premio. Fue la confirmación de que nuestras tradiciones tienen un valor que merece ser compartido y preservado.
Con el tiempo, Emirel me permitió emprender un viaje que me llevaría más allá de América, en este caso, Italia, Roma y Serbia, del lado sur, Colombia entre otros estados de la republica mexicana, llevando conmigo no solamente chocolate, sino también una pequeña parte de Tabasco, de mi familia y de nuestras raíces.
Cada lugar, cada experiencia y cada persona que ha conocido nuestro chocolate ha ido dejando una huella en este recorrido.
Hoy, cuando miro hacia atrás, entiendo que Emirel no nació de un plan perfectamente trazado. Nació de una familia, de una tradición, de una memoria que permanecía viva, de una pregunta inesperada y de una oportunidad que llegó cuando menos lo esperaba.
Por eso, para mí, Emirel no es solamente una marca de chocolate. Es una manera de honrar a quienes me enseñaron, de mantener vivas nuestras tradiciones y de compartir con el mundo el sabor de una tierra que llevo conmigo.
Porque aquello que comenzó con las manos de mi abuela y continuó con las manos de mi madre, llegó hasta las nuestras para convertirse en algo que hoy queremos seguir compartiendo y preservando.
Una historia que comenzó en familia y que hoy continúa escribiéndose, chocolate a chocolate.
Nuestra Esencia
Nos especializamos en la elaboración de chocolates 100% naturales, rescatando técnicas tradicionales de Tabasco, México. Nuestro compromiso es ofrecer productos saludables, sin conservadores, con un sabor auténtico que conecte con la esencia del cacao.
MISIÓN
Somos una empresa tabasqueña dedicada a la elaboración de chocolate artesanal, comprometida con preservar nuestras tradiciones y compartir la esencia del caco de nuestra tierra.
Creamos productos que honran nuestras raíces y brindan a nuestros consumidores una experiencia autentica y de calidad.
VISIÓN
Ser una marca reconocida por preservar y compartir la tradición del chocolate artesanal tabasqueño, llevando la riqueza de nuestro cacao y nuestra identidad a nuevos mercados en México y el mundo, manteniendo siempre la calidad autenticidad y esencia que nos distingue.
NUESTRA FILOSOFIA
NUESTROS VALORES
Autenticidad: Honramos nuestras raíces y preservamos la esencia de una tradición familiar que da identidad a cada creación.
Calidad: Seleccionamos cuidadosamente nuestros ingredientes y cuidamos cada proceso para ofrecer productos que reflejen nuestro compromiso con la excelencia.
Tradición: rescatamos y mantenemos vivos los conocimientos y sabores transmitidos de generación en generación.
Innovación: Evolucionamos y creamos nuevas experiencias sin perder la esencia artesanal que nos distingue.
Sostenibilidad: Buscamos generar un impacto positivo mediante prácticas responsables y el apoyo a pequeños productores.
Compromiso: Trabajamos con responsabilidad y dedicación, buscando ofrecer siempre lo mejor a nuestros clientes y honrar la confianza que depositan en Emirel.
Fe y gratitud: Reconocemos a Dios como parte fundamental de nuestro camino y agradecemos las oportunidades que nos permiten seguir creciendo y compartiendo nuestra tradición.